
Escucha a tu corazón; permanece atento a las palabras que te dirige el Espíritu Santo en el silencio de la noche, en el callado amanecer de cada día, en la quietud del alma entre el quehacer de cada jornada, y también en esos momentos de soledad y de recogimiento que podemos procurarnos de vez en cuando. En estos momentos, el Espíritu Santo te susurrará al oído las palabras que a Dios le gusta oír. Y entonces tu alma se llenará de luz, tu corazón de alegría y tu vida de paz.
(Francisco Osuna Llorente)
Feliz día del Señor, Domingo de Pentecostés. Celina








