
Quien no se lanza mar adentro nada sabe del azul profundo
del agua, ni del hervor de las aguas que bullen,
nada sabe de las noches tranquilas cuando el navío avanza
dejando una estela de silencio,
nada sabe de la alegría de quedarse sin amarras,
apoyado solo en Dios, más seguro que el mismo océano.
Desventurado aquel que se queda en la orilla y pone
toda su esperanza en tierra firme.
(Pierre Lyonnet)
Feliz día del Señor. Celina








