San Juan de la Cruz

 
Más agrada a Dios una obra, por pequeña que sea, hecha en escondido, no teniendo voluntad de que se sepa, que mil hechas con gana de que las sepan los hombres. Porque al que con purísimo amor obra por Dios, no solamente no se le da nada de que lo vean los hombres, sino que ni lo hace porque lo sepa el mismo Dios; el cual, aunque Dios nunca lo hubiese de saber, no cesaría de hacerle los mismos servicios con la misma alegría y pureza de amor. (San Juan de la Cruz)

Feliz día del Señor. Celina

San Claudio de la Colombiere


Foto; Aaron Feinberg

El gozo del que tiene su voluntad sumisa a la voluntad de Dios es un gozo constante, inalterable, eterno. Ningún temor turba su felicidad, porque ningún accidente puede destruirla. Me lo represento como un hombre sentado sobre una roca en medio del océano; ve venir hacia él las olas más furiosas sin espantarse, le agrada verlas y contarlas a medida que llegan a romperse a sus pies; que el mar esté calmo o agitado, que el viento impulse las olas de un lado o del otro, sigue inalterable porque el lugar donde se encuentra es firme e inquebrantable. 

De ahí nace esa paz, esta calma, ese rostro siempre sereno, ese humor siempre igual que advertimos en los verdaderos servidores de Dios.

(San Claudio de la Colombiere)

Feliz día del Señor. Celina